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A continent outside the comfort zone

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My thought process during conversation proceeds Sia-style: one, two, three, one, two, three, blink. One, two, three, one, two, three, blink. Smile. Nod. Emanate Mark Zuckerberg by emitting a stalwart squawk laugh to show approval of some witticism. Great. Good job. Solid social interaction there.

Obviously, I’m exaggerating just how awkward I am, but those with social anxiety will understand. And if anxiety is just one weapon in your arsenal of bad coping mechanisms, the idea of prolonged travel may be enough to weaken you into a catatonic state. Go far away from home? On a plane? Work with people you don’t know? In an unfamiliar culture with an unfamiliar language? Using skills you’re not actually sure you have? G-g-gasp!

Cecilia

Yeah, been there, done that. Yet, here I am, experiencing the joys of Arequipa, Peru, and doing my small part in working with the community here. Not only am I doing things I never thought I could, this kind of travel has challenged my anxiety and made me a better, more effective, person overall.

Let’s start with who you’ll meet whilst travelling with HOOP: a general rule I have found is that those long-term volunteers with an interest in social justice make the coolest people. Friendships form quickly, intensely. Inside jokes develop with cultural missteps, while the lay of the land is presented before you with artful interpretation by those cataloguing memories as in a photo album. The volunteers I’ve met here are wild and weird and completely understanding – and I’m only just beginning. No matter how bizarre you feel you are, there will always be someone to match you idiosyncrasy for idiosyncrasy. No matter how much you fear being alone, there will be no shortage of activities you’ll be invited to. When you travel with a group like this, you will be taken care of, as I have been.

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Additionally, the work itself makes the comfort zone an impossible place to stay. Poverty, oppression, and resiliency gather hands with compassion, hope, and strategy, and the volunteers are the warmth between them. A community looks to us as a foothold upward. We hold ourselves accountable and mistakes will be made – whether it’s something as simple as fumbled Spanish to something more complex like being ushered to dance the salsa in front of stands full of mothers and their children – but we move on. We move on because the next day is full of something more. We move on because our responsibility, our passion, triumphs over fear every time.

I’ve changed a lot since I’ve started travelling and Peru is just the place for me to continue to evolve – I’m working with passionate people for a cause I believe in, with an organization that’s making a difference beyond English teaching. As for Arequipa, it’s an open city, comfortable and quiet, but deep and profound. South America is entrancing and complex – Peru is no different.

So I am here, and, sure, I still worry, I think about blinking, but volunteering has given me the capacity to look ahead, to overcome. It’s the nature of the game, of caring about something so much.

We work, we learn, we grow. We expand. We transcend. We can change the world as we change ourselves.  

Here’s to HOOP and its efforts to make that difference.

Words by Cecilia Smith, Communications Intern.

Photo credits for Ugne Arlauskatie and Emily Rowe.

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Un continente fuera de la zona de comfort

 

Mi proceso de pensamiento, durante una conversación, funciona al estilo de Sia: uno, dos, tres, uno, dos, tres, parpadeo. Uno, dos, tres, uno, dos, tres, parpadeo. Parpadear. Sonreír. Cabecear. Imitar a Mark Zuckerberg y emitir una risa de graznido para mostrar mi aprobación de alguna agudeza. Genial. Bien hecho. Eso funcionó como una interacción social.

Obviamente, exagero mi nivel de incomodidad social, pero todos los que sufren ansiedad social van a entenderme. Y si la ansiedad sólo es un arma en tu arsenal de mecanismos de defensa poco útiles, la idea de un viaje de larga duración podría ser suficiente para debilitarte hasta un estado catatónico. ¿Ir fuera de casa? ¿En avión? ¿Trabajar con personas que no conoces? ¿En una cultura desconocida, con un idioma que ignoras? ¿Usar habilidades que no estás tan seguro que tienes? ¡Dios Mío!  

Sí, he estado allí, lo hice. Todavía, estoy acá, disfrutando de mi experiencia en Arequipa, Perú, haciendo lo que puedo, trabajando con la comunidad. No es solo hacer cosas que nunca había pensado que era capaz de hacer, sino también a través de esta manera de viajar, desafiar mis ansiedades y por eso me he convertido en una persona mejor, más eficaz.

Empecemos con la gente que vas a conocer durante tu tiempo con HOOP: una norma general que he encontrado es que los voluntarios que trabajan aquí por un largo plazo y que tienen un interés en la justicia social son las personas más chéveres. La amistad es intensa y se forma rápidamente. Los voluntarios que conocí son locos, son raros, y me entienden- eso es nada más que el principio. Sin importar cuán extraño eres, siempre habrá alguien igual, que comparta tu idiosincrasia. Sin importar que tienes miedo de sentirte solo, nunca falta eventos ni actividades a los que te invitarán. Cuando viajas con un grupo así, te cuidan, como me cuidan a mi.

Además, por este tipo de trabajo, resulta que no puedes quedarte en tu zona de comfort. La pobreza, la opresión y la resistencia se juntan con la compasión, la esperanza y la estrategia, y los voluntarios las unen. Hay una comunidad que no mira como punto de apoyo para avanzar. Nos responsabilizamos, y cometemos errores: algo simple como un español mal hablado o algo más complejo, como tener que bailar en presencia de filas llenas de madres y sus niños, pero no obstante, seguimos. Seguimos porque el próximo día estará lleno de algo más, algo diferente. Seguimos porque nuestra responsabilidad, nuestra pasión, triunfa sobre el miedo cada vez más. Yo he cambiado mucho durante mi viaje y Perú es exactamente el lugar en el que puedo seguir desarrollandome- trabajo con gente apasionada, trabajo por una causa en la cual creo, con una ONG que cambia las cosas además de enseñar inglés. En cuanto a Arequipa, es una ciudad sincera, cómoda, tranquila pero profunda. Los países de Sudamérica te van a fascinar sin excepción y el mismo Perú es fascinante y complejo.

Entonces, aquí estoy, y por supuesto tengo dudas, tengo que recordarme que tengo que parpadear, pero el voluntariado me ha dado la capacidad de mirar hacia delante, de superarme. Es así cuando algo te importa tanto.

Trabajamos. Aprendemos. Crecemos. Nos mejoramos. Transcendemos. Cambiamos el mundo al tiempo que nos cambiamos a nosotros mismos.

¡Por HOOP y sus esfuerzo a cambiar las cosas!

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